El acuerdo EEUU-Europa y la configuración de una nueva arquitectura económica mundial


Competitividad y Desarrollo Local

En febrero pasado, los presidentes de Estados Unidos y la Comisión Europea,  Barack Obama y José Manuel Durao Barroso, anunciaron la intención conjunta de firmar un tratando de libre comercio e inversión. Iniciativa que numerosas veces se vio truncada, pero que hoy se posiciona como una alternativa para superar la crisis que desde el 2008 tiene a maltraer a las economías de ambos bloques.

La posible entrada en vigor de un acuerdo de esta naturaleza, contempla casi el 50% del producto mundial y alrededor de un tercio del flujo comercial. Traducido en términos de beneficios, la eliminación de las barreras arancelarias podría incrementar el PIB de ambas economías en un 0,5% anual y aumentar considerablemente el nivel de empleo.

No obstante, el acuerdo pretende ir más allá de la simple eliminación de impuestos a la importación y abordar la cuestión de las barreras no arancelarias, que son aquellas medidas de carácter administrativo que restringen permanente o temporariamente el ingreso de productos extranjeros. En ese caso el incremento sería del 3% según cifras estimadas por la comisión bipartita encargada de evaluar la viabilidad del tratado.

También es importante tener en cuenta las motivaciones particulares en ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos, la consecución del acuerdo puede representar una victoria política para la administración Obama y un guiño a los republicanos, tradicionalmente más afines a los regímenes de libre comercio. Asimismo, sirve para contrarrestar la opinión del empresariado local  acerca del ingreso de productos chinos, lo cual consideran como una práctica de comercio desleal por parte del gigante asiático.

Europa por su parte, es la que parece estar más urgida del asunto, la situación económicas es considerablemente más critica que en Estados Unidos, y el acuerdo representa un estimulo sin déficit fiscal, que daría solución principalmente al problema del desempleo. En términos geopolíticos, el acuerdo representa  una forma de mantener la alianza transatlántica, después de que el eje de poder mundial hiciera foco en el pacifico, convirtiendo al viejo continente en un gran parque de diversiones.

Sin embargo, lograr la firma del tratado no es tarea fácil ni sencilla, las partes deberán sortear algunas limitaciones estructurales, como por ejemplo la penetración de alimentos modificados genéticamente en Europa, el proteccionismo agrícola francés y un escollo no menor como la aprobación de los 27 Estados miembros de la unión.

La sola intención de llevar adelante el tratado, permite hacer una lectura un poco más profunda y sistémica, sobre el impacto que genera en las relaciones económicas internacionales.

Ciertamente la firma del acuerdo certifica de alguna manera, el fracaso de la ronda de Doha y por lo tanto del funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio. La Ronda de Doha es una mecanismo multilateral de negociación, mediante el cual, los países  eliminan progresivamente las barreras a la importación.

Esta se despachó en 2001 con un objetivo ambicioso orientado a tratar los problemas del desarrollo y a liberar el comercio agrícola, industrial y de servicios para el 2005, desafortunadamente todavía no ha cumplido con su cometido.

Las negociaciones permanecen estancadas desde hace algunos años, dejando claras muestras de la dificultad para obtener consensos en el plano multilateral. En este contexto, para llenar ese vacío de gobernanza, los países se reorganizan en bloques regionales mediante acuerdos para instrumentar normas dentro de su propia esfera de influencia.

La tendencia que el mundo económico se regionaliza parece difícil de detener, en la actualidad cerca del 60% del comercio mundial se hace bajo términos preferenciales, es decir bajo algún acuerdo bilateral o plurilateral, y se registraron a la fecha 354 tratados vigentes.  Asimismo es importante mencionar que cada vez son más los tratados que contemplan un amplio número de objetivos que exceden a lo estrictamente económico, incluyendo instancias en materia social política, e incluso de seguridad.

El acuerdo Estados Unidos-Europa, aparte de dejar manifiesto el anacronismo de las instituciones globales en la creación de regímenes, probablemente constituya la consolidación de una nueva etapa en donde el sistema internacional será crecientemente multipolar, donde las estructuras de poder ser reorganicen en nuevas escalas espaciales y los flujos de comercio interbloques aumentaran como consecuencia de una nueva generación de acuerdos.

La respuesta local ante este escenario debería ser apostar por el Mercosur, profundizar un modelo de integración basado en la complementación de nuestras estructuras productivas, generando nichos de especialización, que nos permitan elaborar una estrategia de inserción internacional conjunta. Ganando competitividad por escala y valor agregado.

La aproximación a una nueva arquitectura del sistema económico mundial, puede ser una oportunidad para la región, saber leer y comprender las tendencias globales por parte de los tomadores de decisión será clave en la formulación de esa estrategia que imperativamente deberá está basada en el fortalecimiento de las capacidades productivas regionales.

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