El Brexit y el Atlántico Sur: el error de desatender la geopolítica


Política y gobierno

Conocido el resultado de la consulta popular en el Reino Unido en relación con la permanencia o la salida de la Unión Europea, en Argentina surgieron varios análisis que de modo casi automático asociaron una eventual pérdida de beneficios comercio-económicos por parte de los malvinenses con oportunidades para superar favorablemente el conflicto bilateral; es decir, negociaciones propicias para el país respecto del anhelo e interés mayor de este: el retorno de las islas a la efectiva soberanía argentina.

Se trata de una visión interesante aunque solo parece considerar el comercio y la economía de las islas como los factores que en el futuro empujarán a Londres a realizar concesiones en relación con aquel interés vital argentino.

Sin duda que la relación establecida es atendible puesto que el “Brexit” podría impactar en la economía de las islas de no lograrse (re) negociaciones que mantengan las condiciones favorables de acceso que tienen los productos malvinenses en el demandante mercado europeo por ser territorio perteneciente a la UE.

Pero un análisis excesivamente centrado en el factor comercio-económico que desatienda la geopolítica no solo es un análisis insuficiente, sino poco realista. ¿O es que acaso la salida de Reino Unido también implicará que este país replanteará su condición de potencia media preeminente? Sin duda que no: Reino Unido sale de la UE, es decir, abandona un espacio “posnacional” en el que los Estados miembros ceden soberanía, porque en buena medida aspira a recuperar lo que Stephen Krasner denomina “soberanía westfaliana”, es decir, “mundo de Estados y derecho de los Estados a decidir sin intervención de terceros”.

En estos términos, es posible que su condición de actor geoestratégico, es decir, de actor con capacidad de proyectar poder a escala regional y global, no solo no sufra alteración alguna, sino se robustezca.

De las lecturas de sus principales documentos estratégicos, esto es, las Revisiones Estratégicas de 2010 y 2015 (“National Strategic Defence and Security Review”) como así de los “papers” sobre dominios  distantes, no se desprende que vayan a realizarse cambios de escala en relación con los territorios de ultramar; por el contrario, de acuerdo a la última revisión Reino Unido proyecta disponer de una fuerza expedicionaria (una necesidad central de todo actor con capacidad de proyección) de hasta 50.000 efectivos para 2025.

En este cuadro, Malvinas y el “sistema Malvinas” o “del Atlántico Sur”, es decir, el gran espacio que rodea a las islas (que es como verdaderamente debe enfocarse la “cuestión Malvinas”), representa un espacio selectivo mayor para los intereses de Londres. Pero no solo por la localización de las islas y la proyección que conserva desde las mismas, sino porque en el espacio del Atlántico Sur tienen lugar una serie de “nuevas situaciones” no siempre percibidas.

Consideremos algunas de las principales que tienen lugar en este aparente “océano quieto” del mundo.

Regionalmente,  más allá de su extensa costa, Brasil es el actor que le otorga al Atlántico Sur una importancia relevante. La naturaleza de sus ejercicios militares se funda en que ante el advenimiento de una era de “imperialismo de recursos” el país podría enfrentar un serio reto como consecuencia de la ocupación de una potencia preeminente de su espacio terrestre o bien de su espacio marítimo-oceánico conocido como “Flora Azul”. En otros términos, despliega capacidades de cara a una posible confrontación militar asimétrica, es decir, ante un poder superior y extra-regional.

Por otro lado, según su “Nuevo Concepto Estratégico” (de 2010), la OTAN es una organización de alcance global, dato que implica que sus intereses (en parte por “derecho de victoria” en la Guerra Fría) trascienden la franja geopolítica América del Norte-Atlántico Norte-Europa Occidental y central. Asimismo, dicho Concepto otorga una importancia primaria a la seguridad de las fuentes o recursos estratégicos. En este contexto, el exministro de Defensa de Brasil Nelson Jobim fue una de las pocas voces en la región que advirtieron sobre los riegos que corrían los espacios regionales ante la nueva agenda de seguridad de la OTAN.

En tercer término, no siempre aparece China como un actor con intereses en el Atlántico Sur. Es verdad que no existe una política de Pekín sobre dicho espacio. No obstante, los vínculos de China con África y América Latina han crecido significativamente; por caso, el país asiático ha venido diversificando sus adquisiciones de energía, y regiones como el Golfo de Guinea y adyacencias cobraron una notable importancia en relación con la demanda energética china.

Desde esta “nueva situación”, no se debería descartar que en el futuro China considere que es importante incrementar la seguridad del transporte, y asiente “depósitos militares” en la costa africana, por caso, en Angola, uno de sus principales proveedores energéticos.

Por otra parte, el Atlántico Sur es uno de los “nuevos alternativos” (para utilizar el concepto de Michael Klare) en materia de fuentes de energía, que reduzcan la dependencia del petróleo árabe como así la ascendencia de Arabia Saudita en relación con el precio del crudo.

Las políticas que despliega Londres en Malvinas y adyacencias (como así en la mayoría de sus espacios de ultramar) tienden a afirmar presencia y “derechos” a través de “fuentes blandas” de poder, por caso, promoviendo lo que denominan “Very Large Marine Protected”, es decir, políticas que le significan respaldo y prestigio internacional y entre las organizaciones no gubernamentales.

Por supuesto que junto a estas nuevas situaciones en el espacio del Atlántico Sur se mantienen los “temas clásicos”, esto es, proyección antártica (se registra un renovado interés de poderes preeminentes y no preeminentes en la Antártida); las eventuales “nuevas misiones” dela IV Flota estadounidense; los “vacíos legales” a nivel marítimo-oceánico; las actividades que vienen realizando los países poderosos en múltiples zonas ricas del globo, etc.

En suma, es engañoso y poco realista suponer que cuestiones comercio-económicas afectarán el bienestar de los isleños y, por ello, Londres considerará nuevos enfoques en relación con sus dominios en el Atlántico Sur que finalmente favorecerán los reclamos de Argentina.

Es necesario echar una mirada más geopolítica que económica sobre el espacio del Atlántico Sur para concluir que si hay una zona del globo donde esta “superpotencia jubilada” (como la llama Brzezinski) y próximamente de nuevo en “soledad estratégica” no realizará mayores replanteos en relación con presencia y capacidades, esa zona es el valioso sistema del Atlántico Sur.

 

Alberto Hutschenreuter; Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor de Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra Aérea. Autor de “La política exterior rusa después de la Guerra Fría. Humillación y reparación” y “La gran perturbación. Política entre Estados en el siglo XXI”. Próximamente publicara (en coautoría con el Doctor Calos Fernández Pardo) “El roble y la estepa; Alemania y Rusia desde el siglo XX hasta hoy”.

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