De Davos a Naciones Unidas. La economía política internacional de Macri


Política y gobierno

Federico Trebucq

Magister en Relaciones Económicas Internacionales, Profesor de Economía Política Internacional, Presidente de la Fundación CEIC

El pasado martes 20 de septiembre, el presidente Mauricio Macri, participó por primera vez de la apertura de sesiones ordinarias de la Asamblea General de Naciones Unidas.

A diferencia de sus antecesores, el presidente demostró la voluntad de alinear la política exterior de nuestro país hacia una agenda de temas globales liderados principalmente por potencias occidentales, entre los que se destacan: el compromiso con el cambio climático, la cooperación internacional, la lucha contra el narcoterrorismo y la recepción de refugiados.

El caso Malvinas también estuvo presente en el discurso, donde el mandatario sostuvo la necesidad de dialogar con el Reino Unido para resolver amigablemente la disputas sobre la soberanía de las islas. Sin embargo, se dejaron trascender conversaciones informales con la Primer Ministro británica que terminaron en un malentendido y un error no forzado de la administración macrista, donde la posición del gobierno nacional no termino siendo del todo clara y la factura paso a cobrar en el plano doméstico, cuando el arco opositor cuestionó la falta de una estrategia ante un tema de alta sensibilidad.

Más allá de las repercusiones, el discurso en Naciones Unidas cierra un derrotero de nueves meses en donde el presidente lideró personalmente un rally evangelizador sobre la nueva situación en Argentina, el realimento de su política exterior y la voluntad de integrarse al orden global de comercio e inversiones.

Entre los hitos más destacados, desde el Foro Económico Mundial de Davos, podemos nombrar la visita de los presidentes de Estados Unidos y de Francia, la acreditación de nuestro país como  miembro observador de la alianza del pacifico y una gira europea donde mantuvo reuniones con Ángela Merkel y la canciller comunitaria Federica Mogherini, entre otros. También se destaca la participación en la cumbre del G-20, donde propuso que la próxima reunión se realice en nuestro país y la vuelta del FMI con todo lo que ello implica a nivel simbólico.

Quizá esto no tenga que ver solo con una perspectiva ideológica, sino también con una visión estratégica, en línea con el principal objetivo del gobierno en su actividad internacional, que es convertirse en una plaza atractiva para las inversiones y  los flujos de capitales.

La ecuación es clara, desde la campaña presidencial el gobierno cuenta con el supuesto  de la entrada de capitales para superar los desajustes y comenzar a hacer andar la rueda de la economía nacional.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, los desembolsos se hacen esperar y los resultados de una política exterior activa y amigable con los mercados, ya generan suspicacias fronteras adentro, incrementando presiones proteccionistas y la impaciencia de un electorado que mide con vara de corto plazo, procesos que se desempeñan en horizontes temporales más extensos.

Según datos del Ministerio de Hacienda los anuncios de inversión están por encima de los 35 mil millones de dólares, pero los desembolsos se mantienen el promedio histórico de 1300 millones de dólares durante el primer trimestre.

La orientación de la economía nacional a la integración global es un acierto desde una perspectiva de largo aliento, las principales tendencias internacionales demuestran que el sistema de producción comercio e inversión es cada vez más integrado a escala mundial y que las economías que se mantienen aisladas experimentan menores niveles de bienestar y riqueza.

No obstante, los cambios que se necesitan para ingresar en las fases mas ventajosas de la globalización responden a modificaciones profundas que no se dan solo en el marco de las decisiones y de la voluntad política, sino que le corresponde al conjunto de la sociedad para definir prioridades y estrategias de transformación productiva.

Es decir que a pesar del voluntarismo y del discurso de cambio, las condiciones estructurales de la nuestra economía no han cambiado, ni lo van a hacer de un día para el otro. Una estructura productiva poco integrada a cadenas globales de valor, un bajo nivel de actividades de I+D a nivel público y privado, y mercados financieros poco desarrollados, son solo algunos de los limitantes, que podemos identificar en una extensa lista que va del marco jurídico y clima de negocios, hasta la infraestructura vial y energética.

En definitiva, a falta de compromisos políticos más efectivos en el corto plazo que garanticen la entrada de capitales, los determinantes de la inversión se trasladan al largo plazo, y los inversores más que enfocarse en el cambio del gobierno observaran la continuidad y la profundidad de esos cambios, en un sentido estricto, la suerte del gobierno está atada a la capacidad de ganar las elecciones legislativas del 2017 y demostrar que posee el control político para garantizar la continuidad de las reformas y de la transformación productiva.

El equilibrio entre política y economía, va de la mano con el equilibrio entre el largo y el corto plazo.

 

El autor es Profesor de Economía Política Internacional (US21) y Presidente de la Fundación CEIC.

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