Cambio tecnológico e inclusión social, desafíos ante un nuevo orden productivo mundial


Cooperación e InterdependenciaDesafíos Transnacionales

Cristián Savid

Estudiante avanzado de Relaciones Internacionales en la Universidad Siglo 21. Asistente de proyectos en la Fundación CEIC.

 

El mundo contemporáneo se ha visto modificado de manera crítica en tres ocasiones que se consideran revoluciones industriales por su impacto en la forma de producción y la consecuente creación de múltiples externalidades de alcance global, principalmente en los medios de comunicar, producir y transportar.

La primera de las revoluciones tuvo su núcleo en la Inglaterra del siglo XVIII, la cual, mediante la aplicación de sistemas con tracción hidráulica o de vapor, modificó el modo de producción y mecanización. La posibilidad de conectar dos ciudades mediante una línea férrea y tener como medio de transporte la locomotora a vapor fue un claro desencadenante de lo que hoy es una inmensa red de conexión a nivel mundial. El segundo cambio estructural acontece a finales del siglo XIX y antes de la Gran Guerra.  El modelo fordista, que planteaba la producción en serie y la división del trabajo, junto con la incorporación de la electricidad a la industria y el uso del petróleo como fuente primordial de energía, dieron lugar a un escenario de nuevas pujas de poder y cambios en la estructura económica.

El último gran impacto antes de encontrarnos en este nuevo escenario, fue la tercera revolución industrial, cuando los ordenadores y el desarrollo de los medios de transporte hicieron posible la construcción de cadenas de abastecimiento más extensas y flexibles, que atravesaron fronteras y permitieron llegar a mercados globales. Esto impulsó el ámbito científico-técnico en la producción y junto con el nacimiento de internet, resultó en una ruptura con todo lo vivido anteriormente.

La cuarta revolución industrial hoy marca el nuevo ritmo de evolución a un nivel exponencial. Implica un salto innovador hacia campos como la inteligencia artificial, la biotecnología, la nanotecnología, la robótica y el llamado “internet de las cosas”, campos que hasta hace un tiempo parecían lejanos o hasta inexistentes, y que hoy se encuentran en el futuro próximo. Esta revolución cambia la forma en que los usuarios son conectados con servicios, y el modo en que los bienes son producidos o distribuidos, a la vez que modifica los paradigmas tradicionales sobre el empleo y el comercio, transformando la economía y la política. Esto se ve reflejado en un concepto clave de esta revolución, la industria 4.0, término acuñado en Alemania que hace referencia a industrias inteligentes capaces de producir, almacenar y distribuir sin interferencia humana directa, pensando todas las amenazas y beneficios que esto significa.

Algunos ejemplos básicos de esta revolución impactando en nuestra vida cotidiana son las nuevas plataformas audiovisuales como Netflix o Youtube, que gracias al internet de las cosas y a la digitalización, revolucionan la forma en la que el servicio de contenido es brindado a los usuarios, desplazando a medios anteriores, modificando el mercado laboral y la industria tradicional. También podemos señalar a los nuevos medios de transporte como el servicio de Uber o las nuevas empresas de E-commerce como Alibaba o MercadoLibre que combinan el mundo digital y físico, logrando incluso sobrepasar la capacidad de regular de los estados.

Sin embargo, la humanidad todavía no disfruta en su totalidad de los beneficios que trajeron las revoluciones industriales anteriores. Según datos del Foro Económico Mundial, el 17% de la población mundial, 1.300 millones de personas, no poseen acceso a la electricidad, por lo que quedaron fuera de la segunda revolución industrial; más del 50% no tiene acceso a internet, significando que alrededor de 4.000 millones de personas no fueron impactadas completamente por la tercera revolución Industrial. Argentina, en particular, siempre llegó con atraso al ritmo de las revoluciones industriales, muestra de ello es su industrialización tardía en la década del ‘40 y su permanente intento de inserción en la economía globalizada mediante cadenas regionales de valor y transnacionalización de la producción, que llevan a replantear si hoy se puede pensar en una cuarta revolución cuando aún no pudimos insertarnos correctamente en la tercera.

La pregunta entonces es si se puede pensar a la cuarta revolución industrial como una oportunidad para lograr insertar correctamente en el mundo a los países en desarrollo y a la totalidad de las personas o si se convertirá en una instancia más que desarrollará una mejor calidad de vida para solo una porción de la población, ampliando aún más la brecha de desigualdad.

Tomando en cuenta que la cuarta revolución industrial impactará en el modo en el que entendemos la realidad, llevándonos a cambiar nuestras estructuras económicas, sociales y políticas, es posible pensar que a través de una cooperación multilateral, una coordinación eficaz en la toma de decisiones y un cambio en la mentalidad de los actores, puedan afrontarse correctamente las externalidades negativas y maximizar las positivas, haciendo posible que por su naturaleza transformadora esta revolución pueda mejorar, si no resolver, los grandes desafíos que tiene el mundo en la actualidad.

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