Pánico y locura en Estados Unidos: éxitos y fracasos de la administración Trump


Política y gobierno

Gonzalo Fiore Viani

Abogado por la UNLZ. Maestrando en Relaciones Internacionales por el CEA. Investigador de la Fundación CEIC.

Hunter Thompson, -legendario periodista y escritor estadounidense, creador del “periodismo gonzo”, cuyo objetivo era eliminar las líneas que dividen la objetividad de la subjetividad, la ficción de la no ficción, el sujeto del objeto de la investigación- se hubiera hecho un festín con las revelaciones que ha realizado Michael Wolff en el libro político más comentado de lo que va del año: “Fuego y Furia: dentro de la Casa Blanca de Trump”. Hunter Thompson publicó en 1972 “Pánico y locura en la campaña presidencial”, jugando con el título de su obra más famosa, “Pánico y locura en Las Vegas”, el escritor describía con sumo detalle la campaña presidencial del año 72, donde el demócrata George McGovern fue derrotado por Richard Nixon. Thompson había podido colarse en las comitivas que seguían a los candidatos gracias a su credencial de periodista de Rolling Stone y sobre todo porque nadie sabía exactamente quién era.

Michael Wolff empezó entrevistando a miembros de la campaña de Trump y luego de que este asumiera la presidencia, continuó su labor periodística logrando obtener acceso al Ala Oeste de la Casa Blanca, entrevistando funcionarios y permaneciendo en el lugar como un observador, llegando a estar presente en momentos tan importantes como el despido del anterior director del FBI, James Corney. El título del libro mientras se encontraba en proceso de escritura era: “La gran transición: los primeros 100 días de la Administración Trump”, por lo que muchos entrevistados y funcionarios estaban convencidos de que iba a ser un libro favorable para el presidente y su equipo; muy lejos de la realidad.

El ruido y la furia

Entre otras cosas, el libro de Wolff –de lectura absolutamente recomendada para todo aquel interesado en la política norteamericana actual, o en la política en general-, dice cosas como: “Poco después de las 8 de la noche del día de la elección, cuando la sorpresiva tendencia decía que Trump en realidad podría ganar, Donald Trump Jr. le dijo a un amigo que su padre, o DJT, como él lo llama, parecía como si hubiera visto un fantasma. Melania estaba en lágrimas y no de alegría… Era un Trump perplejo transformándose en un Trump incrédulo y luego en un Trump horrorizado”. Lo que podría confirmar lo que era un secreto a voces, el entonces candidato no esperaba ganar en ningún escenario la elección presidencial y solo utilizaba la campaña para potenciar su ya multimillonaria marca.

En el libro Wolff describe a Trump como alguien con interés nulo en estudiar cuestiones complejas o asuntos de Estado de manera integral. Lo compara con un niño y da cantidad de supuestos detalles íntimos del mandatario y de la dinámica de trabajo de la Casa Blanca que no vienen al caso mencionar ya que han salido en todos los medios y están explicados con sumo nivel en el libro. Michael Wolff tampoco está exento de ninguna polémica y ya ha sido acusado en otras oportunidades tanto por colegas como por otros políticos de Washington de exagerar hechos para vender libros. Lo cual no quita que lo que cuenta carezca de verosimilitud, ya que claramente todo es posible dentro del universo excesivo, y por momentos delirante, de Donald J. Trump. Un hombre que siendo presidente de los Estados Unidos no ha dejado de usar de manera compulsiva su cuenta de Twitter para criticar periodistas, deportistas, artistas, políticos, y todo aquel que se atreva a cuestionar sus decisiones, además de enaltecerse constantemente a sí mismo.

Debido a sus propias características en la forma de realizar la conducción política, la división ya existente en los Estados Unidos no ha hecho más que profundizarse y mostrarse más visible que nunca, por lo menos desde los tumultuosos años 60. La polémica por el control de armas –exacerbada debido a los tiroteos masivos recientes-, fenómenos como Black Lives Matter o los movimientos feministas, -con mucha razón de existir  en un país sumamente desigual y con graves problemas raciales heredados de su convulsionada historia y aún lejos de resolverse-, parecen convertirse en instrumentos de oposición mucho más eficaces a Trump que el alicaído Partido Demócrata, deseoso urgente de una renovación que probablemente venga de la mano de Joe Kennedy III, senador y portador de una más que ilustre historia familiar, siendo nieto de Robert Kennedy y sobrino nieto de John F. Kennedy, ambos asesinados.

La economía

Lo cierto es que no todos son fracasos o escándalos para un gobierno que aún mantiene un núcleo duro importante de seguidores, y otro igualmente duro de detractores: desde que Trump consiguió aprobar su gigantesca reforma fiscal, solo equiparable a la que llevó adelante Ronald Reagan en los años ochenta, las grandes empresas comenzaron a responder de manera positiva. Apple ha anunciado la repatriación de inversiones y la creación de miles de nuevos empleos, Wallmart anunció una suba en los salarios y las cifras de desempleo comenzaron a caer. Con las industrias que están tímidamente volviendo a fabricar en los Estados Unidos y los nuevos puestos de trabajo que se van creando parece empezar a cumplirse su tan mentada promesa electoral de “America first”. La economía norteamericana cerró en 2017 con indicadores excelentes, un crecimiento de alrededor del 2.5%, inflación muy baja, prácticamente pleno empleo, y el sector empresarial elevando el mercado de acciones a niveles casi sin precedentes.

Si bien el gobierno de Trump viene mostrando un rumbo bastante errático tanto en política exterior como en algunos aspectos de la política interna o de sus propias declaraciones –salidas constantes de funcionarios, declaraciones del mismo Trump rozando lo delirante en las redes sociales, contradicciones constantes en público, escándalos de índole personal, o política, como el “russiagate” de final abierto e impredecible, peleas con China, etc.-; parece estar mostrando prácticamente sus únicos éxitos en materia económica, apelando a la vieja máxima de Bill Clinton: “it’s the economy, stupid”.

Conclusiones

El célebre escritor norteamericano Scott Fitzgerald solía decir que “no hay segundos actos en las vidas estadounidenses”, Donald Trump ha desmentido esto por completo, de exitoso empresario de la construcción a quebrar y resurgir varias veces, de candidato fallido en dos o tres oportunidades, de precandidato republicano sin expectativas de ganar a presidente de los Estados Unidos, siempre bajo constantes predicciones acerca de su falta total de posibilidades de triunfo, hoy, el norteamericano se tambalea entre Richard Nixon o Ronald Reagan. Como todo en su vida, solo hay dos extremos posibles para la presidencia de Donald Trump: el fracaso absoluto o el éxito sin precedentes.

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