Beirut, eterna sobreviviente


Desafíos Transnacionales

Diego Puente Rosa

Abogado. Titular de la Delegación de Córdoba de la Dirección Nacional de Migraciones. Director de Desafíos Transnacionales de la Fundación CEIC.

Beirut, ciudad milenaria, que data de hace unos 5000 años, sitio en el cual los fenicios abrieron sus rutas comerciales hacia el resto del Mediterráneo. Tanta historia bajo tierra, de cientos de batallas, de civilizaciones, y en el siglo 20 y 21 como escenario de guerras y conflictos bélicos civiles en el sentido moderno.

Una ciudad que ha sido tantas veces destruida y reconstruida, compleja en su estructura político-social-religiosa, caótica en su cotidianeidad, perfectamente desprolija en su topografía y entramado urbanístico; la capital de Líbano, y conocida como la “París de medio oriente”, con su superficie de 10.452 kilómetros cuadrados (equivalente a la mitad de la provincia de Tucumán), se encuentra estratégicamente ubicada entre las orillas del extremo oriental del Mar Mediterráneo y la cordillera del Anti Líbano que lo separa de la República Árabe de Siria. Al sur, limita la histórica conflictividad con Israel.

Beirut es el centro comercial, bancario y financiero del Líbano. La más occidental de las capitales de Medio Oriente, altamente diversa y turística, universitaria, nocturna y agitada. Su exquisita cocina, su música lisérgica actúan como un imán a cualquier curioso que desea conocerla y comprenderla en su complejidad laberíntica.

El recorrido por el centro histórico nos muestra a simple vista la colosal Mezquita Mohammad Al-Amin, y muy cerca las catedrales maronita y ortodoxa, y a cuyo lado se encuentran las ruinas de la antigua ciudad enterrada, la Plaza de los Mártires y la tumba donde descansan los restos del ex Primer Ministro suní Rafik Hariri (asesinado en Beirut en febrero de 2005 en un atentado terrorista), todo ello en una cercana convivencia soñada por el padre del actual Primer Ministro.

Esta zona histórica revela imaginariamente el lugar donde se ubicaba la “línea verde” que dividía la ciudad en dos, por un lado la parte musulmana y por otra parte la cristiana. Cuando uno la recorre observa la existencia de puntos de control militar que sectoriza rigurosamente la ciudad, y se identifican los símbolos y emblemas de las fuerzas libanesas como también de las fuerzas de Hezbollah, grupo terrorista que cerca en el tiempo ha ganado influencia política institucional, con representación en el Parlamento, hoy ocupando buena parte del sur de la ciudad, de mayoría chií, donde se encuentra la Sede Nacional del “partido de Dios” y donde viven muchos de sus seguidores.

Los rezagos de tantas guerras y tantas muertes están grabados en los redondeadas huellas de balas en las paredes de muchos edificios, en el inconsciente colectivo de una tensión permanente que se respira en las calles, en cada esquina se refleja en la mirada de un soldado desconfiado, en la entrada de un hotel con medidas de seguridad, en la charla de seguridad de un miembro del gobierno que nos advierte sobre ciertas posibilidades y cuidados a tener en cuenta.

Luego de la caída del Imperio Otomano, Líbano quedó sometida al poder de las manos francesas durante casi 20 años, hasta que logró su independencia en 1943. Los vaivenes políticos-religiosos de la región no son ajenos a este pequeño país. En 1975 se inició una guerra civil entre cristianos y palestinos, en la que interviene Israel, Siria y hasta las Naciones Unidas para intentar restablecer el gobierno libanés y sus fuerzas armadas sin éxito. Esta guerra civil duró hasta el año 1990, aunque el territorio de Líbano continúo con ocupaciones israelís hasta el 2000 y sirias hasta el 2005, retirándose luego del atentado contra el Primer Ministro Rafik Hariri.

Asimismo, esta guerra civil y la intervención israelí en Líbano, es el contexto en el que se forma el “Partido de Dios” (Hezbollah), el sector más radical de la fuerza paramilitar islámica Chii en el año 1983, separándose como facción de Amal.

La segunda Guerra civil del Líbano se produce en 2006 en el sur del país, siendo directamente una guerra entre Hezbollah e Israel.

Así y todo, el actual sistema político libanés consta de una democracia parlamentaria, donde los cargos más importantes se dividen en forma proporcional entre los colectivos religiosos que existen en el país.

Por un lado, el Presidente (hoy Michael Anoun) es elegido por el Parlamento por 6 años. La Constitución establece que el Presidente debe ser un cristiano maronita, independientemente del partido político al que pertenezca. Por el otro, el Primer Ministro (hoy Saad Hariri, hijo del asesinado Rafik Hariri), quien es elegido por el Presidente y por el Parlamento, es un cargo destinado para un musulmán suní.

En el Parlamento, cristianos y musulmanes tienen el mismo número de representantes.

Hoy, una de las más grandes crisis humanitarias, como lo es el conflicto bélico en Siria, afecta indirectamente a sus vecinos libaneses. Menos de diez años después de finalizar la ocupación siria en Líbano, éste se convierte en un receptor de la segunda diáspora de refugiados sirios más grande luego de la que reside en Turquía.

Beirut, como el resto del país, es uno de los centros principales de recepción de refugiados afectados por el conflicto en Siria. Pese a su pequeño territorio, alberga aproximadamente a un millón de ciudadanos sirios (un 20% de la población actual en Líbano) que se animaron a huir y dejar detrás todo, contra las inclemencias geográficas y topográficas (dato menor) y contra los peligros de las rutas que unen ambos países colmadas de “check points” militares. Los caminos elegidos muchas veces son por fuera de los caminos convencionales y evitan estos puntos de control como evitan la muerte misma, buscando paz y seguridad.

Ubicados en distintos barrios de la ciudad, mayormente en edificios y albergues muy precarios, casi sin ningún tipo de comodidad, sólo con lo que el gobierno libanés y organizaciones internacionales como el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) pueden proveerles, mientras aguardan con esperanza ser reasentados en algún otro país que los asile. No se animan a salir a las calles. Cada persona escapa de algo diferente, cada una es perseguida por un miedo distinto. Algunos desean que todo termine pronto para volver a sus casas, otros desean estar lo más lejos posible, quizás porque no avizoran una solución a corto o mediano plazo.

Los procesos son complejos, y dependen en buena parte de la disposición que los Estados receptores expongan. Muchos son los países que vienen demostrando el compromiso humanitario internacional, para albergar familias de refugiados, y las organizaciones como Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) hacen un importante trabajo en conjunto con los gobiernos de aquellos. La etapa de referenciación, los criterios de priorización, y las instancias de documentación y de pre-partida que se realizan en territorio libanés son el paso previo ineludible. A partir de allí, y una vez que estas familias llegan comienza una nueva etapa y un gran desafío, tanto para ellas como para la sociedad receptora, y es el esfuerzo de integración el que se pone a prueba.

Canadá, Reino Unido, EEUU, Italia, Alemania, Australia, Suecia son entre los países no limítrofes al conflicto, los principales receptores de refugiados. Argentina, con el compromiso asumido ante la Asamblea de la ONU en septiembre de 2016 y la implementación del “Programa Siria de Visado Humanitario” que dirige la Dirección Nacional de Migraciones se ha sumado a esa iniciativa de la comunidad internacional para hacer frente a uno de los desastres humanos más importantes y nocivos de los últimos 60 años.

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