Democracia del descontento. El Brasil que encumbró a Bolsonaro


Política y gobierno

Javier Boher

Sociólogo y Polítologo. Director del área de Política y Gobierno y Director de la Diplomatura en Política y Gobierno de la Escuela de Globalización y Relaciones Transnacionales.

Aunque los análisis se han multiplicado en las últimas semanas, la mayoría ha hecho algún tipo de lectura moralista sobre el ascenso de Bolsonaro, poco adecuado para entender las verdaderas razones de su triunfo. Pocos parecen haberse concentrado en el desgaste del PT en el poder, que no pudo frenar el crecimiento del narcotráfico y la inseguridad e instauró un puritanismo progresista que cansó a vastos sectores de la sociedad, que los veía copiar viejas prácticas corruptas.

Con los años la retórica antimercado, igualitarista y socialista de las campañas que llevaron al poder a Lula se fue morigerando para establecer acuerdos que permitieran la gobernabilidad, seduciendo a los industriales, a los ruralistas y a las fuerzas armadas y de seguridad -actores fundamentales de la política brasilera- pero debilitando parte de su base de apoyo.

Pese a los esfuerzos por convertir a su país en una potencia, el salto les resultó muy grande. Así como lograron un crecimiento sostenido desde su lugar de potencia periférica, los intentos por meterse en el juego de la política internacional a gran escala los hicieron descuidar su base de apoyo y terminaron desgastando su rol de potencia regional.

La política del PT fue positiva a la hora de incluir a grandes masas de la población en la dinámica política y en el consumo, aunque con el tiempo esos sectores que fueron saliendo progresivamente de la pobreza material empezaron a ver que ciertas cosas se resistían a cambiar. Con un PT convertido en un nuevo partido del sistema, la búsqueda se orientó a otros rumbos.

Así aparece en escena Jair Bolsonaro, quien desde un lugar de nicho arrancó la campaña subestimado, pero que progresivamente fue ganando adeptos. Su discurso se centró en la creencia en Dios y la santidad de las tradiciones (de la mano con el machismo, la misoginia y la homofobia que se asocia a esas posturas conservadoras), reforzado por su defensa de la tortura, la violencia y las ideas de la última dictadura militar. Confiados en que con ese discurso no podía ganar, cuando los adelantó ya era tarde.

Aquí valen dos aclaraciones. En primer lugar, el PT fue concentrando su discurso en aspectos simbólicos del progresismo que ofendían a gran parte de la población, incluyendo incluso una apología de la resistencia armada a la dictadura. Eso abrió la puerta a que el otro bando reclame en los mismos términos (aunque no haya sido equivalentes). En segundo lugar, la imagen de las Fuerzas Armadas en Brasil es mejor que la que existe en Argentina. Su rol en la historia es asimilable al que tuvieron en nuestro país en los inicios del siglo XX, como una fuerza implicada en el desarrollo técnico y la ocupación e integración del territorio. Aunque aquí la última dictadura significó un desastre social, político y económico, allí los militares lograron consolidar una base económica mas sólida, con una burguesía industrial expansionista. Los logros de los militares brasileros son -al menos a los ojos de la población- infinitamente superiores a los que la gente puede identificar por estos lares.

Lo que puede pasar hacia adelante es una incógnita, pero ciertamente hay condicionantes estructurales que limitan la posibilidad de que se implementen todas las propuestas con las que ganó las elecciones. Aunque su ministro de economía se haya pronunciado a favor del mercado, los militares brasileros son proteccionistas, reacios a abrir su economía. Además, aunque Bolsonaro esté dispuesto a aplicar mano dura, la modificación de las leyes para beneficiar a las fuerzas de seguridad sólo saldrá negociando en un parlamento hiper fragmentado. Para lograrlo, deberá caer en la trampa en la que cayó el PT, esa de negociar a través de los tradicionales mecanismos de corrupción. Sólo que ahora, tras el Lava Jato, también se las tendrá que ver con un Poder Judicial independiente y fortalecido.

Sin un movimiento popular construido desde la base con el paso de los años, el gran apoyo que supo conseguir en las urnas puede encontrar un límite en la falta de una estructura real para construir su gobierno. Hacia adelante quedará saber si eventualmente su construcción entrará en crisis o si para evitarlo se apoyará en alguna estructura preexistente que condicione aún más la agenda de sus políticas.

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