Cambios y continuidades tras las elecciones en Estados Unidos


Política y gobierno

Florencia Rupil

Asistente de proyectos. Investigadora en el área de Política y Gobierno. Diplomada en Comercio Exterior y Cadenas de Valor. Estudiante de historia UNC

El pasado 6 de noviembre finalizaron ocho años de mayoría republicana en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. La gran “ola azul” que se anticipaba nunca llegó, pero el triunfo de los demócratas en las elecciones de medio término da cuenta de un cierto despertar del debate político al interior de la sociedad estadounidense. Con 225 escaños en el Congreso, los demócratas recuperaron la Casa de Representantes que desde 2010 contaba con una mayoría republicana.

El aumento del 16% en la participación del electorado desde las homónimas elecciones de 2014 es destacable, así como también la gran presencia femenina (se presentaron 227 mujeres como candidatas al Congreso y a gobernadoras), la diversidad racial y religiosa (por primera vez hay dos mujeres musulmanas en la Cámara de Representantes -Ilhan Omar y Rashida Tlaib, por Minessotta y Michigan respectivamente- como también dos mujeres indígenas, Sharice Davids y Deb Haaland –Kansas y Nuevo México-),  y la mayor participación de los jóvenes, con un 68% de los votantes de entre 18 y 24 años eligiendo a representantes demócratas.

Tras los comicios, que muchos vieron como una especie de referéndum para medir la popularidad de Donald Trump, cabe preguntarse si el triunfo de los Demócratas significa realmente una pérdida de poder para el Ejecutivo. Más allá de que la nueva conformación de la cámara baja podría garantizar la restauración del sistema de control habilitado por la Constitución estadounidense para fiscalizar el accionar del Ejecutivo y del Senado, parece dudoso que los demócratas puedan bloquear la agenda legislativa republicana, tal como declaró para el Washington Post la líder demócrata Nancy Pelosi.

Mientras la pregunta ¿cuándo comienza el impeachment? resuena en los medios, la misma Pelosi ha declarado que se buscará establecer lazos de cooperación con la Casa Blanca.

Un cambio drástico en la agenda política estadounidense resulta dudoso, ya que  el Senado continúa siendo mayoritariamente republicano y Trump logró reafirmar el favor del partido. A su vez la heterogeneidad sectorial de los miembros del bloque demócrata en la Cámara baja puede significar un obstáculo a la hora de generar una oposición firme a la agenda política de Trump.

En materia de política exterior, aunque muchas voces vaticinan grandes cambios, el congreso no goza de gran incidencia en la toma de decisiones en cuanto a política comercial exterior o diplomacia externa, es por esto que se podría esperar que la agenda de Trump en este aspecto no se vea afectada por el recambio en la cámara baja.

Otra garantía de continuidad para el presidente estadounidense y su agenda es su capacidad de gobernar por decreto a través de las “órdenes ejecutivas”, lo que representa una herramienta de presión difícil de esquivar; por lo tanto su guerra comercial con China y su política de America first, probablemente continúen gozando de inmunidad.

Es en la continuidad de la reforma migratoria impulsada por Trump en donde los demócratas pueden llegar a representar una mayor traba en la cámara baja. No obstante, la reconfiguración republicana del Senado y el refuerzo de la alianza de los nuevos representantes con Trump vendrían a garantizar que los proyectos relativos a la reforma migratoria sean aprobados en esta.

Más allá de las diferencias discursivo-ideológicas que caracterizaron históricamente al bipartidismo estadounidense, el descontento de la clase popular norteamericana para con el estancamiento económico del país no es un dato menor a la hora de poner en la lupa el desempeño legislativo de sus representantes. En última instancia Make America great again sigue teniendo gran peso entre amplios sectores de la población, y si bien el triunfo demócrata es una piedra en el zapato para Trump y una restricción para sus declaraciones políticamente incorrectas, el rumbo político del país -tanto interno como externo- seguirá marcado por la máxima América first.

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