La exaltación de la simplicidad en los análisis sobre Venezuela


Desafíos Transnacionales

Leonardo Pizarro

Internacionalista. Maestrando en Economía Pública y Políticas Económicas, Sociales y Regionales - UNC. Director académico de Fundación CEIC.

Sorprende la velocidad con la que profesionales y colegas internacionalistas hacen afirmaciones deterministas y simplistas sin dimensionar lo complejo del fenómeno. Es muy sencillo plantear “Maduro es un dictador, es el malo, que oprime al pueblo venezolano”, “Guaidó es presidente legítimo, termina con el populismo, trae un futuro mejor para Venezuela” sin mayor análisis.

Las décadas de paz (cuanto menos interestatal) y la irrelevancia estratégica que la región parecía tener (al menos en las grandes disputas geopolíticas) nos exaltan a la hora de enfrentarnos ante un fenómeno tan próximo. Esto sumado a la cercanía que, desde hace unos lustros tenemos con Venezuela y la empatía que todos hemos generado con ciudadanos venezolanos que debieron dejar lo poco (o nada) que le quedaba en su país y probar suerte en el nuestro, nos corre del eje de análisis. No nos permite observar el juego de poder, intereses y riquezas que este fenómeno nos plantea.

Evidentemente, resulta más fácil identificar actores, observar intereses y estudiar las acciones de tal potencia en un país árabe lejano (por ejemplo, Libia), plantear una perspectiva histórica, contrastar con las acciones de otra potencia y elaborar un análisis. Estos análisis suelen ser rematados con un relativo desconocimiento del sufrimiento de la sociedad de los países que se toman como una problemática.

Con Venezuela es distinto. Mi generación se formó teniéndola como un actor relevante, digno de ser oído y atendido en nuestros trabajos prácticos. Ya sea para resaltar lo bueno, criticar lo malo, analizar su influencia en el continente o resaltar cualquier acción que pareciera notable. Hechos como su ingreso al Mercosur parecía confirmar que nuestro interés era acertado.

Ahora a Venezuela la sentimos todos. Pareciera que rápidamente debemos tomar partido, repudiar a unos, halagar a otros. Esto nos dispersa. No permite ver las dinámicas propias de la política internacional y la local. Si bien en este texto no podría profundizar sobre esta última, surgen algunos temas como el rol que juegan las fuerzas armadas en el sostenimiento (o no) del gobierno, o cómo podría Maduro abandonar el poder, hasta dónde lo resistiría.

En lo internacional, los medios resaltan que Estados Unidos y otros países de la región (Colombia, Brasil, Chile, Perú, Argentina, Paraguay) han reconocido a Guaidó como presidente interino de la República, pero poco se ha planteado acerca de los intereses y la política exterior de cada uno. Algunos interrogantes saltan a la vista como: ¿Habrá llegado el fin del negocio americano de refinar el petróleo venezolano y revenderlo ante la incapacidad técnica de PDVSA de hacerlo?, ¿pesará más el interés ruso de quedarse con ese negocio?, ¿querrá Bolsonaro cantar una victoria en su, cuanto menos insólita política exterior “sin ideología”?, ¿buscará el presidente Duque que Colombia imponga las condiciones en una posible solución del éxodo venezolano que la tiene que como principal destino y ante el cual la región no logró coordinar una solución?, ¿qué rol cumplen las múltiples instituciones y mecanismos de integración que se construyeron en América Latina en las últimas décadas?

A estos interrogantes se pueden sumar el cómo impacta la situación en la disputa global entre Estados Unidos y China: ¿quedará China de brazos cruzados mientras Estados Unidos vuelve a tomar decisiones de gran impacto y retoma influencia sobre una región que parecía haber abandonado?, ¿Dejará que otros países (con los que también tiene lazos estrechos) tomen partido y dispongan reconocer a otro líder como legítimo considerando la abultadísima deuda que Venezuela mantiene con el gigante asiático?

Atendiendo a la imposible defensa del régimen chavista, estas líneas alertan sobre la necesidad de que los profesionales que entienden los asuntos globales, partiendo de un enfoque sistémico y multidisciplinar ganen mayores espacios de discusión. Así se puedan explicar procesos complejos aun cuando estos estén en lo más álgido de la agenda mediática.

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