Políticas de I+D+i ¿Qué es -y qué no es- Innovación?


Competitividad y Desarrollo Local

Cristián Savid

Relaciones Internacionales, Universidad Siglo 21. Asistente de proyectos en la Fundación CEIC. Analista de innovación en la Agencia Innovar y Emprender de la Provincia de Córdoba.

Se entiende a la Innovación como un concepto polisémico, sin embargo, en ámbitos académicos y políticos, es frecuentemente utilizado con fines panfletarios y propagandísticos para adornar discursos e instituciones. En un nivel más técnico, la Innovación es algo real y concreto, con impactos en múltiples sectores y niveles de la sociedad.

La principal distinción que deberíamos hacer es entre los conceptos de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i). Fuera de ser conceptos desentendidos, se interrelacionan e influyen en su totalidad.

La Investigación es la destinación de recursos para generar nuevo conocimiento codificado y capital humano especializado. En ese sentido, el conocimiento se compone a partir de la acumulación de datos, que a su vez son la base de la información. Finalmente, el conocimiento codificado es el conjunto de esa información con capacidad de responder a hipótesis y con carácter explicativo de ciertos fenómenos (López Estornell, 2009). En cuanto al Desarrollo, consiste en la búsqueda de generar prestaciones y soluciones con posibilidad real de incorporarse en la práctica. Por último, la Innovación es la implementación real de ese conocimiento y de las soluciones en modelos y sistemas funcionales.

Este fenómeno es entonces, un proceso de mutación de un modelo tradicional. Según el Manual de Oslo (2005), se entiende a la Innovación como la incorporación de nuevos – o con sustancial grado de mejora – procesos o productos, así como también cambios o incorporaciones en el modelo de gestión de la comercialización o la mercadotecnia.

De esa manera, el conocimiento codificado que otorga la Investigación y el Desarrollo debe poder encarnarse en una idea concreta, que pueda ser aplicable. Para lograr Innovación, se debe concretar la aplicación efectiva de nuevo conocimiento, o viejo conocimiento de forma nueva.

Para que se den las condiciones de la Innovación, se debe generar una vinculación efectiva y positiva entre los desafíos físicos y los desafíos de demanda. Los desafíos físicos se entienden en términos del avance de la ciencia, la tecnología disponible o las invenciones, a su vez, esta arista presenta desafíos en términos de implementación, como pueden ser la propiedad intelectual, la geografía o las industrias. En el otro lado, los desafíos de mercado, se entienden en términos de los usos y costumbres o demanda y el precio. Igualmente, los desafíos de mercado se pueden entender en términos de implementación, como son los costos, los modelos de negocio y las estrategias.

Cuando se logra la convergencia de ambos desafíos sin generar un choque, entonces estamos frente a una Innovación realizada. A su vez, esta podrá ser de tipo incremental o disruptiva.

Lo que no se define no se puede medir, lo que no se mide no se puede mejorar y lo que no se mejora… se degrada siempre. Así la Innovación ya deja de ser un concepto superfluo y vacío para convertirse en algo sólido y metódico, posible de gestionarse y mejorarse.

Bajo esta perspectiva la Innovación es un proceso, con sus variables y acciones. De esta manera, el proceso puede tener una gestión, podría relativamente sistematizarse para encuadrar todo hacia Innovaciones Recurrentes. Y no, no es un oxímoron. Claramente la Innovación puede darse “espontáneamente” y ser de pequeña escala o disruptiva, así como también puede darse bajo un modelo, más o menos sistematizado, y ser de igual manera, disruptiva o de pequeña escala.

En ese esquema, es deseable tener una gestión de la innovación en los niveles institucionales. De esa manera se destinan recursos y tiempo para actividades de incentivo, que si bien no son en sí Innovación, hacen a la gestión de la misma y promueven la aparición del fenómeno para terminar en innovaciones realizadas que permitan mejoras pequeñas, medianas o grandes.

Tomando en cuenta lo dicho anteriormente, es necesario enfatizar el valor que aporta la gestión de la innovación en empresas. Cuando se analizan actores privados en las distintas economías, generalmente se destaca a un grupo de empresas que crece a niveles más acelerados que la media. Las llamadas empresas de rápido crecimiento, están directamente ligadas a la gestión de la innovación. Estas se destacan por aumentar su facturación y su planta de empleo formal, colaborando con el crecimiento general de la economía.

El Ministerio de Producción y Trabajo de Argentina (2018) contabiliza, en promedio, 3.730 empresas de rápido crecimiento por año para el período 2010-2017, y las asocia directamente con la Innovación, a partir del desarrollo o la incorporación de tecnología, productos y procesos que finalmente se traducen en aumentos en la productividad. Por último, datos del Ministerio expresan que, en promedio, las empresas de rápido crecimiento son responsables anualmente de la generación de 210 mil puestos de trabajo registrado, lo que termina por explicar el 36% de la creación bruta de empleo en Argentina.

Dado el impacto que generan estas empresas dinámicas de rápido crecimiento, a nivel mundial la gestión de la innovación interna es una temática cada vez más incorporada y tomada en cuenta. Sin embargo, en la cultura del “Si no está roto, no lo arregles” es posible que estemos pasando por alto oportunidades de incrementar el desarrollo del entramado productivo y posibilitar crecimientos exponenciales. A nivel local podemos decir que según un informe de la Fundación Observatorio PyME (FOP, 2017) sólo el 17% de las PyME industriales argentinas desarrolla actividades de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i).

En ese sentido, presta un especial interés lograr que las empresas argentinas internalicen la gestión de la innovación. Sin embargo, dada la inestabilidad macroeconómica y la generación de un contexto no favorable para mantener expectativas positivas y un marco de certidumbre, las empresas se ven obligadas a interceder en cuestiones coyunturales y de visión a corto plazo. Bajo esas condiciones, en un escenario más realista, pero sin dejar de lado la gestión de la innovación, podemos aspirar a por lo menos, naturalizarla.

La existencia de una arquitectura institucional -tanto pública como privada- en Ciencia y Tecnología y en Investigación, Desarrollo e Innovación, permite la existencia de Proveedores de Conocimiento. Estas son las instituciones que pueden brindar soluciones al entramado productivo, en los casos que éstos vean sus capacidades sobrepasadas por sus necesidades.

La vinculación entre éstos dos sectores es un paso esencial para poder implementar nuevo conocimiento o viejo conocimiento de manera nueva en las empresas. Sin embargo, en este mercado y dado el contexto donde se presenta, las demandas pueden no encontrarse con las ofertas – y viceversa -, dejando espacio a pérdidas de eficiencia y de oportunidades para generar impactos positivos en el desarrollo local. Podemos atribuirle a las fallas del mercado, como las asimetrías de la información, restricciones al crédito, altos costos o fallas de coordinación entre los actores, la imposibilidad de consolidar el vínculo entre estos dos sectores para poder finalmente no solo implementar el conocimiento en el entramado productivo, sino también generar incentivos para incrementar el capital humano especializado y la cantidad de inversión en generación -y luego provisión- de conocimiento.

Dadas las condiciones, esta vinculación puede ser promovida insertando al mercado políticas de incentivo estratégicas que dirijan las acciones hacia la convergencia de ambos sectores. Atendiendo a una planificación seria de las instituciones y sus roles se puede lograr establecer un andamiaje útil en el ámbito de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación que termine por agregar valor al entorno y permita un flujo más armónico entre los sectores.

Con respecto a lo dicho sobre el andamiaje útil en el ámbito de la I+D+i, es interesante ver la producción del Sector de Instituciones para el Desarrollo y la División de Competitividad, Tecnología e Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (2017), ya que elaboraron un marco institucional de las políticas de innovación.

BID

   Fuente:  Nota Técnica. BID. Agencias Latinoamericanas de fomento de la Innovación y el Emprendimiento. 2017

En la propuesta se segmentan las funciones y los ámbitos de acción. Las funciones están catalogadas ordinalmente, desde la elaboración de estrategias hasta la ejecución de las actividades. Los ámbitos dejan ver específicamente de qué se está hablando para relacionarlo con el actor y su responsabilidad inmediata en el tema. El expertise del BID y el informe en cuestión son un gran insumo para incluir en la planificación de un sistema de políticas de innovación  En este marco institucional participan tanto actores públicos y privados, especializados en cada ámbito y para cada función. El sistema, por supuesto, debe de estar calibrado y coordinado para de esa manera poder mostrar resultados concretos y retroalimentarse.

Sin embargo, y a pesar de como están dadas las condiciones marco, hay que evitar que la urgencia por paliar las fallas del mercado, terminen por llevar a incurrir en fallas de gobierno.

 

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