“Prosur” la nueva iniciativa de integración sobre las cenizas de Unasur


Cooperación e Interdependencia

Leonardo Pizarro

Internacionalista. Maestrando en Economía Pública y Políticas Económicas, Sociales y Regionales - UNC. Director académico de Fundación CEIC.

El próximo 22 de marzo se reúnen en Santiago los presidentes de Chile, Argentina, Colombia, Perú, Paraguay y Brasil. El motivo de la cumbre es el lanzamiento de “Prosur” una nueva iniciativa de integración en América del Sur que, en términos estratégicos, viene a reemplazar a Unasur como el espacio de coordinación de políticas entre los países de la región. Esta nueva iniciativa fue anunciada por Iván Duque, presidente de Colombia, el 14 de enero de 2019 pero quien tomó el liderazgo para su concreción fue Sebastián Piñera.

América del Sur se ha caracterizado por la generación de iniciativas, procesos, organismos y otros tipos de integración que han dependido mucho de los vaivenes ideológicos de los líderes, dado el presidencialismo imperante en la región. La analogía del “spaghetti bowl” calza perfecta para describir a la integración sudamericana y latinoamericana. Sólo por mencionar algunos en procesos en los cuales los países mencionados se encuentran inmersos existe la CELAC, el Mercosur, la Alianza del Pacífico, la Cumbre de las Américas, la Comunidad Andina e incluso ALADI como un paraguas para todos los demás. Además de otros procesos en retroceso como el ALBA y la desaparecida Unasur. Y ahora “Prosur”.

La iniciativa para la creación de Prosur parte del fracaso de Unasur. Su declive era evidente considerando que desde febrero de 2017 no tenía secretario general por incapacidad de los miembros de nombrar a uno. En 2018 se retiraron del organismo Argentina, Chile, Perú, Paraguay y, paradójicamente Brasil. La estocada final fue la decisión de Lenin Moreno de retirar a Ecuador y donar la sede de Unasur que se encontraba en Quito, denunciando que esta representaba un hito de la corrupción del socialismo del siglo 21 (del cual él formó parte como vicepresidente de Correa).

El declive de Unasur es el resultado de una serie de factores que, aunque atravesados por el “cambio ideológico” entre los líderes de América del Sur van más allá de este. Por tanto, la gota que rebasó el vaso fue la imposibilidad de generar mecanismos o soluciones coordinadas para la crisis en Venezuela. Se supone que Unasur tenía una función de coordinación de políticas, pero no podían ponerse de acuerdo en un camino conjunto dividiéndose entre quienes apoyan la destitución de Maduro (que luego formaron parte del grupo de Lima) y aquellos que no.

Sin embargo, la base del fracaso se encuentra en la incapacidad de Brasil para sustentar económica, política, estratégicamente su liderazgo regional sobre el que se fundó Unasur en 2008. Desde lo económico y lo político los hechos de corrupción generalizada en torno a las empresas Oderbrecht y OAS no sólo barrieron con el sistema político brasilero, sino que salpicaron a distintos países de la región con ex-presidentes sospechados de participar e incluso presidentes en ejercicio (como Ollanta Humala) de Perú que debieron renunciar a su cargo. La Unasur también formaba parte de este esquema porque por detrás del liderazgo brasilero se proponía infraestructura necesaria para la integración que era licitada a favor de las empresas brasileras y financiadas a través del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil (BNDES). Se vuelve evidente que, con la crisis política y económica, Brasil no tiene capacidad de continuar con esquemas de este estilo por ende su influencia en sus vecinos se limita.

En términos estratégicos también, la reorientación de la política exterior de Bolsonaro hacia un eje pro-americano les abre la posibilidad a otros gobiernos, como el de Piñera de buscar mayor influencia en la región.

Es así que ante este “vacío” surge la iniciativa que se va a denominar “Foro para el progreso de América Latina” o “Prosur” de la cual aún se tienen pocas precisiones. Hasta aquí se ha utilizado la palabra iniciativa para hacer referencia al Prosur porque va a tomar el aspecto de un “foro” de coordinación de políticas.

De acuerdo a trascendidos publicados en el diario perfil sobre el contenido del documento que los cancilleres acordarán dos días antes de la cumbre presidencial, se encuentran entre los objetivos principales de Prosur: alcanzar la liberalización del intercambio de bienes y servicios para consolidar una zona de libre comercio entre las partes a través de la facilitación de los asuntos aduaneros y las inversiones; coordinar políticas migratorias, de defensa y seguridad de un modo gradual; construir y desarrollar un espacio regional integrado en lo político, económico, social, cultural, ambiental, energético y de infraestructura sin una excesiva institucionalidad; potenciar intercambio entre las partes de información y experiencias en materia de defensa y ciberataques. Es decir, un amplio espectro de temas abordables desde la perspectiva de un foro.

Otros dos aspectos se destacan como su estructura institucional laxa formada por un Consejo de Presidentes que se reunirá anualmente, una asamblea de ministros y grupos de trabajo adhoc. Un trascendido del texto menciona que “se exhorta a diseñar una estructura flexible y liviana con reglas claras y de beneficio mutuo” buscando así diferenciarse de Unasur y su burocracia. Se acerca aún más a los modelos intergubernamentalistas de toma de decisión que han primado en los procesos de integración de América del Sur.

Por otro lado, contendrá una cláusula democrática como un requisito de membresía que asegure el Estado de derecho, ordenes constitucionales, separación de poderes, protección de derechos y libertades fundamentales, entre otros aspectos que hacen a la diferenciación con regímenes como el de Maduro. Esta última mención no es casual porque la iniciativa de Prosur parte de la idea de generar una organización “con menor carga ideológica y mayor pragmatismo”, sin embargo, los requisitos de participación están atravesados por la concepción ideológica del liberalismo.

América del Sur parece embarcarse en una nueva iniciativa de integración, fundada encima de las cenizas de los errores de una anterior y contemporánea los plazos incumplidos de tantas otras. A modo de ejemplo, se puede pensar qué diferencia habrá entre este foro y la nueva hoja de ruta en convergencia Mercosur-Alianza del Pacífico sobre la que se encuentran trabajando desde 2016.

Con muchas incógnitas, esta semana se conocerán los detalles de esta nueva iniciativa de integración que al parecer tomará la forma de un foro más que de un organismo. Esta diferencia es fundamental porque no es lo mismo coordinar políticas y plantearse problemas a resolver, que comprometerse en la aplicación de soluciones conjuntas, acatamiento de obligaciones y cumplimiento de plazos que implica una institución.

Queda por ver, además, el rol que ocupará Argentina que ha participará de la cumbre inicial buscando acentuar su posición contra el régimen de Maduro. Y cómo impactará esto en el Mercosur teniendo en cuenta que uno de sus miembros, Uruguay, no va a participar del lanzamiento, y hasta el momento no apoya la iniciativa.

NOTAS RELACIONADAS
Sobre Leonardo Pizarro 3 Artículos
Internacionalista. Maestrando en Economía Pública y Políticas Económicas, Sociales y Regionales - UNC. Director académico de Fundación CEIC.