Agitando el presente, construyendo el futuro


Desafíos Transnacionales

Florencia Rupil

Asistente de proyectos. Investigadora en el área de Política y Gobierno. Diplomada en Comercio Exterior y Cadenas de Valor. Estudiante de historia UNC

El pasado agosto de 2018, en la ciudad de Córdoba, se llevó a cabo la cumbre del Youth20, grupo de afinidad integrado por jóvenes líderes de países que forman parte del G20. Bajo el slogan Agitando el presente, construyendo el futuro, el grupo de jóvenes líderes elaboró un documento de recomendaciones para los representantes del G20. En dicho documento se hizo especial hincapié en los Objetivos de Desarrollo Sustentable, dispuestos por la agenda 2030, entre los cuales destacan el papel central de la juventud, haciendo foco en los desafíos concernientes al futuro del empleo (el emprendedurísmo y el autoempleo), la capacitación en nuevas habilidades y la inserción de la tecnología en el ámbito laboral y su consecuente impacto.

Los líderes del Y20, solicitaron a sus representantes se preste especial atención al desarrollo de las condiciones necesarias para alcanzar un crecimiento económico sustentable, en el que las oportunidades de empleo sean igualitarias (desde una perspectiva de género) e inclusivas (que alcancen a amplios sectores de la población).

Emprender en la incertidumbre

“En una era de creciente incertidumbre, el futuro trae inmensas oportunidades, e indudablemente muchos desafíos”, versan las primeras líneas del documento de Recomendaciones en Políticas. Efectivamente, nuestra era se ha caracterizado, en muchos aspectos, por la incertidumbre. En América Latina particularmente, la incertidumbre en torno al mundo del empleo cobra especial protagonismo, de cara a vicisitudes económicas características de la región y el creciente desempleo entre los jóvenes.

Una de las respuestas de nuestra sociedad a la precarización laboral, fruto de políticas neoliberales que generan el desvanecimiento de seguridades sociales características de gobiernos de corte benefactor y proteccionista, ha sido el famoso “emprendedurísmo”, ofertado como una “bondad del modelo, que ha decretado el fin del trabajo asalariado y de la dominación laboral” (CHAVEZ GARCÍA et al., 2018:10).

Si bien es cierto que el “emprendedurísmo” ofrece a los jóvenes, condiciones laborales más acordes a sus deseos inmediatos y a sus estilos de vida, así como una modalidad de resiliencia financiera atractiva, existe una suerte de fantasía en cuanto al éxito concreto que pueden alcanzar diversos emprendimientos. Cuando se fomenta o incentiva este tipo de actividad laboral, no suelen mencionarse un atributo muy común de nuestros tiempos: la contraposición entre una autodisciplina laboral (la del autoempleo) y un desvanecimiento de la consciencia de la necesidad de reglas para el mundo del trabajo (las cuales ofrecen cierta seguridad social).

Es notable una de las recomendaciones del documento elaborado durante la cumbre del Y20, la cual establece la necesidad de desarrollar la protección social, vinculada al mercado laboral. Abogando, por ejemplo, por el establecimiento de una cobertura de asistencia social vinculada al individuo, indistintamente de cual sea su trabajo, así como también el refuerzo de las instituciones del mercado laboral, relativas a los fondos de desempleo y la asistencia de salud. Estas recomendaciones denotan una clara preocupación por las nuevas modalidades laborales y los vacíos que van dejando tras de ellas.

En una entrevista realizada por CEIC al Abogado Nicolás Vélez, Director del área de Juventud de la Municipalidad de Córdoba -la cual fue una de las entidades que participaron de la logística del Y20 en la ciudad-, resalta que, “el emprendedurismo, creo, que es la fuente laboral del futuro, creo que los emprendedores son como la estrella de este momento y habla de cómo conseguimos el trabajo los jóvenes hoy en día, todos queremos vincular más la familia con el trabajo, no queremos estar encerrados en oficinas, vinculación de zonas extremas, los ambientes laborales, queremos respeto por la diversidad, el respeto por las mujeres, empoderar a las mujeres, cuestiones de género, un trabajo part time, el norte nos la marcan ciertas empresas como google, mercadolibre, tarjeta naranja para dar un ejemplo bien local”.

El trabajo part time, freelance, flexibilizado, al que se hace referencia en gran parte de los discursos hegemónicos, ofrece a los jóvenes una nueva forma de articulación con otros aspectos de la vida y con proyectos personales que se alejan, en cierta medida, de aquellos que caracterizaron a generaciones anteriores, y son más acordes a sus deseos y expectativas. Sin embargo, viene a representar el codo que borra esas líneas del contrato social que ofrecía empleo pleno y seguridad social.

En contraposición al característico horizonte del imaginario de seguridad social del siglo XX, encontramos, hoy, políticas de empleo joven, que tienden a la flexibilización extrema de las condiciones laborales; programas o pasantías con salarios mínimos, individualización y virtualización del espacio productivo, identificados por la oferta laboral “desde la comodidad del hogar” y la modalidad part time, que contribuyen a su vez, al debilitamiento, y a veces desvanecimiento, de las agrupaciones gremiales.

¿Despolitización de los jóvenes o nuevas formas de hacer política?

Aquellos que fueron jóvenes durante las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, fueron testigos de movimientos políticos más que significativos en nuestra historia. Hijos del Mayo francés, de la Guerra fría o la caída del Muro, ven en los jóvenes de entre 15 y 24 años de nuestros días, a un colectivo despolitizado, sin embargo cabe preguntarse ¿los jóvenes no hacen política o la hacen de otra forma?

Efectivamente, los jóvenes tienen demandas específicas consecuentes a sus descontentos, las cuales manifiestan por otros medios, que no son aquellos de sus antecesores. La afiliación política a los partidos  o la expresión a través de conductas electorales ya no es la norma. Existen formas de participación política vinculadas a las organizaciones sin fines de lucro o colectivos no partidarios.

En Argentina el movimiento Ni Una Menos, fruto del descontento de un colectivo de mujeres muchas veces ajenas a la participación política dentro de plataformas formales o tradicionales, alcanzó magnitudes más que significativas, al punto de impulsar decisiones políticas parlamentarias tales como lo fueron la sanción de la ley Brisa, la cual brinda apoyo a los hijos de víctimas de violencia de género o femicidios, y la media sanción de la ley del aborto lograda en la Cámara de Diputados.

En el marco de estas nuevas formas de hacer política, llama la atención el triunfo electoral de figuras que se acercan más a discursos políticos del siglo XIX que a las nuevas visiones políticas de los jóvenes del siglo XXI, como Jair Bolsonaro en Brasil o Iván Duque en Colombia.  Muchos estudios han atribuido este fenómeno al uso masivo de las redes sociales para las campañas electorales, la difusión de “falsas noticias” y el uso de estrategias de marketing digital, a las cuales la población joven se muestra más permeable.

Individualistas, solidarios, expertos en el arte de procrastinar, voluntarios, fetichistas del instante, resilientes, sociabilizadores virtuales, embajadores de la innovación y la tecnología, “Nosotros los jóvenes queremos…”

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